Declaración de Febrero


1.- El pasado año, luego de la designación de Miguel Díaz Canel como presidente de la República de Cuba por la máxima dirección del régimen cubano, surgieron nuevas expectativas, tanto dentro como fuera del país, sobre la posibilidad de que se iniciara un proceso de cambios reales en la sociedad cubana que no solo contemplaran las categorías económicas y sociales, sino también las políticas. El propio presidente designado negó, en reiteradas ocasiones y en distintos escenarios que esto fuera a ocurrir, puntualizando que la clave de su gobierno estaba dada por la continuidad, no por los cambios.

2.- En el marco del reordenamiento legal determinado por los nuevos espacios ocupados por los trabajadores privados, fundamentalmente en el ámbito de los servicios, la agricultura y la construcción y de la creación de nuevas estructuras de dirección para ejercer el gobierno, las autoridades de las islas iniciaron el proyecto de adecuación de la Constitución de la República de Cuba la cual, luego de promulgada en 1976, había sufrido ya cambios en los años 1978, 1992 y 2002. En esta última versión de la ley de leyes, aprobada ya por la Asamblea Nacional el pasado diciembre, se han mantenido los artículos que determinan al Partido Comunista como fuerza dirigente superior de la sociedad y el estado, así como la irrevocabilidad del sistema sociopolítico que rige a Cuba desde hace ya más de 60 años, en sus diversas modalidades. Martí, nuestro Apóstol, nos había alertado: “Siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido”[1] y también que: “Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos”[2].

3.- Durante el proceso de consulta, discusión y recepción de propuestas desde la ciudadanía en octubre pasado, lo que puede considerarse como el análisis del anteproyecto de Constitución puesto a la consideración pública, si bien la participación fue estimada por las autoridades y sus medios como muy significativa, es de destacar que los artículos impuestos que definen y garantizan la continuidad del régimen dictatorial no pudieron ser discutidos ni cuestionados.

4.- Para el próximo 24 de febrero está convocado un referendo sobre esta nueva Constitución, que decidirá si es aprobada o no por la ciudadanía. Pero, más allá de este plebiscito, la nueva carta magna continúa desconociendo la pluralidad política, continúa invisibilizando a la oposición pacífica democrática e irrespetando, por acción u omisión, en partes de su articulado, tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos como los Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas.

5.- En el Mensaje de los Obispos Católicos Cubanos fechado el 2 de febrero del año en curso, con relación a la nueva Constitución de la República de Cuba y a la próxima consulta a la que será sometida, luego del análisis de los temas fundamentales del texto, concluye:

“21. Exhortamos a que cada ciudadano, con su voto responsable y desde su conciencia, contribuya a la edificación de una sociedad en la que todos los cubanos nos sintamos respetados en nuestros derechos y, al mismo tiempo, construyamos una vida digna y próspera con la participación de todos sin exclusión”.

“22. Estas intenciones las encomendamos a la Virgen de la Caridad, Madre de todos los cubanos e imploramos la bendición de Dios sobre nuestra querida Patria”.

6.- El Proyecto Demócrata Cubano se suma al espíritu y a la letra del Mensaje de los Obispos Cubanos y hace suyas todas las consideraciones sobre el texto de la nueva Constitución que será puesta a consideración de quién debe ser el verdadero soberano, el pueblo cubano.

7.- Es significativo el reiterado discurso de las autoridades de la isla en cuanto a la defensa de “la unidad en la diversidad”, cuando se trata de las políticas hacia y con el exterior; cuando tratan de las políticas al interior, con relación a los cubanos, continúan satanizando al diferente político, manteniendo una contradicción antidemocrática de evidente doblez moral. Mientras esa contradicción sea sostenida y alimentada por el régimen, muchas de las palabras del Apóstol José Martí continuarán siendo una asignatura pendiente, entre ellas, estas de gran importancia para el tema que nos convoca: “La república, para todos ha de ser justa, y se ha de hacer con todos”[3], y finalmente: “Un voto descuidado es un derecho perdido, y la indiferencia en el sufragio la antesala del déspota”[4].

Rafael León Rodríguez

Coordinador General

La Habana, 7 de febrero de 2019


[1] Escenas Mejicanas – 1877

[2] Escenas Norteamericanas – 1882

[3] “Patria” N.Y. – 1892

[4] “Patria” N.Y. – 1893

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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