Cinco meses y…


Imagen de Cubadebate.cu

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Un poco más de cinco meses han transcurrido desde que se hicieran públicas las conversaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de América. Luego de medio siglo de posiciones disociadas regresan las esperanzas de renovación de los vínculos que han unido históricamente a ambas naciones. Canje de prisioneros políticos, conversaciones para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, consideración de medidas para mejorar los intercambios entre ambos países, de medios de comunicación, de derechos humanos; retiro de Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo, entre otros pasos significativos, auguran una nueva era para cubanos y norteamericanos.

En cuanto a las relaciones de las autoridades del archipiélago con la sociedad nacional en este nuevo escenario, todo parece reafirmar que solo las categorías económicas podrán ser objeto de modificaciones o cambios, pero las categorías políticas se mantendrán inalterables, basadas en el hegemonismo antidemocrático de un solo partido. Hablan de una nueva ley electoral pero las votaciones parciales de delegados para las Asambleas Municipales de este último abril se han realizado con la manipulable ley actual. Plantean que están estudiando promulgar otra constitución, pero, no brindan información sobre tan importante tema.

Ahora, por último, enviaron un mensaje fuerte y claro en la VII Cumbre en Panamá de intolerancia ante la diversidad política. A los representantes de la sociedad civil independiente cubana que asistimos a los foros paralelos nos confrontaron con decenas de miembros de la sociedad civil dependiente del estado cubano, enviados como representantes de una cuestionable civilidad institucional. Conminados a evidenciar con acciones su lealtad al régimen prefirieron confrontar que compartir espacios de diálogo con sus coterráneos. Si no fuera por la trascendencia del hecho en sí mismo para el presente y el futuro de la Nación pudiéramos, recurriendo al humor criollo, ufanarnos de tener dos sociedades civiles: una dependiente y otra independiente del estado. En los discursos de los dirigentes políticos del archipiélago de más alto rango sobre las conversaciones con las autoridades norteamericanas, escuchamos constantemente alusiones a que: “debemos acostumbrarnos a vivir respetando nuestras diferencias”. ¿Acaso no es aplicable al contexto nacional esta afirmación? A la Nación cubana pertenecemos todos los cubanos, independientemente del lugar donde nos encontremos y a la manera de pensar de cada cual. Somos personas, somos diversos, somos todos sujetos de derecho y de respeto en cuanto a nuestra dignidad humana. Más allá de la importante normalización de las relaciones con nuestros vecinos del norte, la conformación de la verdadera Nación Cubana “de todos, con todos y para el bien de todos” no debe ni puede seguir a la espera.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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