Declaración de fin de año


Un año más del joven tercer milenio se apresta a concluir y dar paso al próximo 2017, cincuenta y ocho del régimen totalitario y unipartidista que, bajo el poder omnímodo de los Castro, controla desde mediados del pasado siglo el archipiélago cubano. Este que ahora finaliza, ha sido testigo de importantes y esperanzadores acontecimientos políticos en las islas, enmarcados fundamentalmente en la oportunidad real de una apertura hacia un nuevo, próspero y plural estado de derecho. La visita a La Habana del presidente de los Estados Unidos de América Barack Obama, el pasado marzo, certificó la voluntad política del jefe del poder ejecutivo estadounidense de acompañarnos en este imprescindible e impostergable empeño. La Unión Europea, por su parte, concretó recientemente un acuerdo con Cuba para intentar dejar atrás la nombrada Posición Común y viabilizar otras políticas aperturistas. Aparentemente, el rechazo de las autoridades cubanas a dar pasos positivos en cuanto a los derechos civiles y políticos de los ciudadanos —que promuevan la participación plural de estos en la realización política y económica de la sociedad—, frenó el inicio de este proceso de oportunidades democráticas.

El otro acontecimiento significativo del año que pronto finalizará fue la desaparición física de Fidel Castro. La caída del fundador del régimen dictatorial comenzó, realmente, hace diez años, en julio del 2006 cuando, por problemas de salud, se vio obligado a entregar el poder a su hermano Raúl. Este tránsito hacia el fin, de alguna manera anunciado, concluyó el pasado noviembre. Pero, en nuestra opinión, toda esta historia reciente debemos analizarla y proyectarla en clave de futuro, que obviamente no implica borrar la memoria histórica. Cuba y los cubanos merecemos un mejor presente y un esperanzador devenir. Sin embargo, hasta el momento, las autoridades se resisten a dar pasos en la dirección del respeto a las libertades ciudadanas y a los derechos humanos de la sociedad. Peor aún, han incrementado la represión y el hostigamiento a los opositores pacíficos y a toda disidencia develada. Esta realidad, sumada a la incertidumbre provocada por declaraciones del presidente electo de los Estados Unidos, Mr. Donald Trump, sobre temas migratorios, que pudieran tener alguna incidencia en determinadas modificaciones a la Ley de Ajuste Cubano, han disparado nuevamente el éxodo ciudadano en todas direcciones.

El escenario económico del país también continúa estresado, víctima de la improductividad y de las contradicciones gubernamentales. Ahora mismo, el presidente Raúl Castro informó a la Asamblea Nacional que estábamos en “recesión económica”. Un decrecimiento del 0,9% en el 2016. La histórica dependencia de determinados países puntuales, como por ejemplo en los últimos tiempos a Venezuela, nos paraliza cuando aquellos sufren situaciones adversas. En estas declaraciones decembrinas al Parlamento, el presidente también ratificó que Cuba no volvería al capitalismo. No obstante, hizo un llamado a trabajar para impulsar la inversión extrajera. Esto es: la inversión de capitalistas extranjeros en Cuba. Entonces: capitalismo en Cuba, pero no de cubanos. ¿No constituye esto una contradicción y un despropósito? En esencia continuamos viviendo bajo los efectos de una crisis sistémica que, evidentemente, solo se resolverá cuando cambie el sistema imperante. Un sistema del que ya existen evidencias probadas que certifican que no ha sido exitoso en aquellos países occidentales donde lo han implantado. Y nosotros pertenecemos a esa parte del mundo: el Hemisferio Occidental. En los últimos años, las instituciones cubanas que manejan los temas estadísticos han estado alertando sobre el acelerado envejecimiento de la población. E incluso, alertan sobre el decrecimiento de esta; plantean que no llegaremos nunca a los doce millones de habitantes. Falso. Ya somos más de eso, lo que desperdigados por todo el orbe. Por lo tanto, debemos empezar por recuperarlos desde la necesaria nueva ley. Una Constitución que nos contemple a todos y reconozca la doble ciudadanía, con derechos y deberes como iguales, sin fueros ni privilegios de personas, grupos o clases. Comenzando un proceso democratizador que involucre al conjunto de los hijos de la nación cubana y que tenga como basamento los Pactos de Derechos Humanos, firmados ya por las autoridades y a las que solo les resta ratificar e implementar. Entonces y solo entonces, dejaremos atrás las crisis e iniciaremos una nueva era de progreso hacia la modernidad, la prosperidad y el bien común, con todos, para todos y en Paz.

Diciembre del 2016.

Declaración del Prodecu en formato «.word».

Declaración del Prodecu en formato «.pdf».

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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