De príncipes y mendigos I


Mi vecina es una mujer jubilada de la tercera edad. Su último trabajo fijo fue de carpetera de un hotel turístico de playa. Ahora, a pesar de los achaques del envejecimiento, de la diabetes mellitus y de los trastornos ortopédicos que padece, recoge latas desechadas de aluminio por la playa para intentar equilibrar sus gastos básicos con sus ingresos. Envases vacíos de refrescos, cervezas y maltas enlatadas, abandonados y tirados por doquier, son objeto de su búsqueda y recogida para lo cual se vale de un pequeño armatoste de dos ruedas y un saco de fibras plásticas; agacharse, tomar el envase, echarlo en el saco y andar es la rutina de su nuevo trabajo.

La Empresa de Recuperación de Materias Primas paga ocho pesos cup por cada kilogramo de aluminio, que equivale a 72 latas vacías. Entonces, para obtener veinticuatro pesos, $1,00 dólar o un cuc, —que es igual—, son necesarias 216 latas, lo que significa una tarea realmente seria para quien se acerca a la vejez. ¡Ah!, pero además, es requisito aplastarlas para poder venderlas a la casa receptora de materias primas por lo que mi vecina, con una piedra que debe tomar con sus dos manos, a falta de una herramienta mejor, las machaca una a una en el balcón de su casa. Pero lo sorprendente es que se siente contenta en su nuevo bregar, porque le permite sobrevivir.

Trabajar la mayor parte de la vida útil, aportando bienes y servicios, contribuyendo a los fondos de jubilación, para que luego estos reembolsos sean simbólicos, es una práctica generalizada de nuestra cotidianidad laboral. De ello solo se escucha o se lee en los medios cuando se refieren a otros países; sobre el nuestro callan, convirtiéndose en cómplices silentes, y como pago, en posibles víctimas en el futuro. Cuando vemos ancianos en nuestro entorno registrando los tanques de basura, buscando algo; cuando los vemos vendiendo bagatelas o jabas por los rincones, deberíamos tener el valor, todos, de alzar la voz para exigir atención a esta injusticia.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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4 respuestas a De príncipes y mendigos I

  1. fefa4455@hotmail.com dijo:

    Eso es socialismo, estimado amigo,, como nos dejamos enganar los cubanos, como se dejan enganar los venezolanos,, el ser humano es uno cuando anda solo y otro muy peor cuando anda en manada, no? manadas fueron las que gritaron paredon en la plaza …

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  2. Es tema pendiente de todas las sociedades, la de devolver a los ciudadanos, ancianos ya, todo lo que dió con su trabajo al pais.
    Abel Gonzalez
    Argentina

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    • Tienes razon, Abel, y es muy frustrante llegar a la vejez en miseria. Es un problema de muchas sociedades que en Cuba toma un cariz especial porque la tirania castrista se jacta diciendo que los ancianos en Cuba estan priorizados y protegidos por el estado socialista cuando ello es una burda mentira.
      En La Argentina hay muchos problemas sociales pero, por Dios, no se dejen engañar por los cantos de sirena comunistas.

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  3. Que triste llegar a la vejez para morir de frustracion.

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