Galiano


Se extiende recta entre la calle Reina y el malecón habanero. La recuerdo en mi niñez con sus amplios y pulidos portales, con sus hermosas vidrieras de tiendas de ropa, joyerías, jugueterías y establecimientos de todo tipo. Contaba con varias importantes intersecciones con otras vías también dedicadas al comercio y los servicios del centro de la ciudad: con la calle Zanja, con San José, San Rafael, Neptuno, Virtudes y con San Lázaro. La Plaza del Vapor, un vetusto edificio de dos plantas y una manzana de área, completamente dedicado a tiendas de ventas de sombreros, telas y confecciones textiles, indicaba el comienzo de Galiano como arteria comercial. Luego de demolido al principio de la revolución, con el pretexto de que se iba a construir allí un edificio de viviendas, el terreno fue convertido en un parque. La más famosa tienda por departamentos de Cuba, El Encanto, ocupaba una de las cuatro esquinas de San Rafael, las que compartía con la tienda Flogar, la peletería La Moda y con el Ten Cent. Luego de un incendio provocado por un acto de sabotaje, en el mes de abril de 1961, el terreno que ocupaba El Encanto se convirtió en otro parque. Dos hoteles están situados en esta importante vía de la capital: el Lincoln y el Deauville. Hasta una iglesia católica comparte los espacios de Galiano entre Ánimas y Virtudes: la de Monserrate. El edificio de viviendas América, con dos salas de cine; las tiendas Fin de Siglo y La Época; cristalerías, cafeterías, heladerías, bancos, en fin, una de las más importantes avenidas comerciales de la ciudad de La Habana.

En las noches habaneras resultaba un agradable paseo recorrer Galiano, ver los escaparates de las tiendas o vidrieras, como se dice aquí, bajo los destellos de los anuncios lumínicos. En Navidades, cambio de temporada o simplemente por distracción, callejear por la Avenida de Italia, Galiano, era una fiesta.

Transcurrido medio siglo de socialismo real todo cambió. Se apagaron las luces y los brillos de Galiano; la desidia y el caos se entronizaron en sus sitios como en la generalidad del paisaje urbano de la capital. Ahora se está concluyendo un plan de restauración capital de esta arteria de la ciudad. Calles asfaltadas, nueva iluminación, obras de recuperación de acueducto, alcantarillado y gas; fachadas remozadas, y reanimación del comercio existente. Pero continúa faltando lo principal, el alma, lo que le imprime interés y valor real a los bienes, muebles e inmuebles: los propietarios. Aquellos a quienes les interesa mantener, desarrollar y hacer progresar sus negocios. Ellos constituyen la esencia misma del mercado, por tanto, sin comerciantes capitalistas no hay interés real por el comercio. Pasará el tiempo y, si no se crean las pequeñas y medianas empresas privadas, las PYMES, verdaderamente independientes del estado, el proyecto de recuperación de Galiano irá a engrosar al de los expedientes fallidos. Allí no estará solo, pues hace algunas décadas se hicieron trabajos de esa misma envergadura con otras calles de interés comercial en La Habana, como fueron las de Belascoaín y Monte y, a los pocos años, todo se había perdido nuevamente. Estas experiencias denotan que son necesarios cambios reales, no cosméticos, o seguiremos en la noria seca de lo absurdo.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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