Lecciones y elecciones


Imagen extraida de “Wikipedia Kiwix”

Unos pocos días antes de las elecciones en los Estados Unidos, el 2 de noviembre, el periódico Granma publicó una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, en la que se fustiga nuevamente a la Sección de Intereses de los EE.UU. —SINA— en La Habana, acusándola de injerencia, por el apoyo que ofrece a la sociedad civil y a los opositores pacíficos cubanos. El tema del acceso a Internet y a la libre información que brindan en la sede diplomática, a contrapelo de las políticas excluyentes de las autoridades totalitarias del archipiélago, vuelve a la palestra pública. La descalificación de la oposición cubana, tildándola de mercenaria, se repite. El rechazo a la propuesta del presidente Raúl Castro de sostener conversaciones con el gobierno norteamericano, es esgrimido como una práctica de la pasada Guerra Fría. Y, al final, la amenaza: “El Ministerio de Relaciones Exteriores denuncia las actividades ilegales, injerencistas, ofensivas y provocadoras de la Sección de Intereses de los Estados Unidos y demanda el cese de su incitación permanente a la realización de acciones dirigidas a subvertir el orden constitucional que el pueblo cubano ha elegido legítima y soberanamente. El Ministerio de Relaciones Exteriores ratifica que Cuba no cederá terreno a la injerencia y que utilizará todos los mecanismos legales a su alcance para defender la soberanía conquistada y hacer valer el respeto al pueblo cubano y a las leyes del país.”

En los comicios estadounidenses del martes 6, fue reelecto el candidato del Partido Demócrata Barack Obama para un segundo periodo presidencial. Los actuales mandantes cubanos aparentan respirar profundamente, luego de los resultados de estas elecciones. No se trata ahora de hacer la apología del mundo libre, de la democracia perfectible o del sueño americano. Se trata de preguntarnos, más allá de cualquier otra reflexión, lo que hubiera sido de nosotros, los cubanos demócratas, sino contáramos con la solidaridad y el apoyo del pueblo norteamericano representado por sus gobernantes. Debemos recordar que, luego de imponer furtivamente un sistema dictatorial, ajeno a nuestra cultura, a nuestras tradiciones y a los intereses más legítimos de la nación cubana, a las autoridades totalitarias les importó un bledo el destino de los que no comulgábamos con sus propósitos. “No los queremos, no los necesitamos”. Bajo la esencia de esta consideración castrista, más de dos millones de compatriotas se vieron obligados a emigrar, la mayoría hacia los Estados Unidos, que los acogió y en donde la comunidad cubanoamericana es hoy una de las más significativas. Y la emigración continúa; incluso apoyada por los continuos requerimientos de los gobernantes cubanos a las autoridades norteamericanas, a quienes les exigen el cumplimiento de los acuerdos migratorios y la concesión de veinte mil visas anuales. ¡Ah! Porque actualmente los que emigran, son calificados por el gobierno autoritario de las islas como… emigrantes económicos.

Cuentan algunos antiguos que prever es una de las primeras responsabilidades de un dirigente. Ahora, cuando repasamos las cartas intercambiadas entre Fidel Castro y Nikita Jruschov durante la Crisis de Octubre —hace cinco décadas— publicadas en Granma, con el mismo papel y la misma tinta de la declaración de marras, comprendemos cuán cerca del holocausto nuclear fuimos conducidos por la improvisación. Decía en su misiva del 30 de octubre de 1962 el premier soviético: “Hemos vivido el momento más serio, en que pudo desencadenarse la guerra termonuclear mundial. Evidentemente, en tal caso los EE.UU. sufrirían enormes pérdidas, pero la Unión Soviética y todo el campo socialista también sufrirían mucho. En lo que se refiere a Cuba, al pueblo cubano es difícil incluso decir en general con que eso podría terminarse para él. En primer término en el fuego de la guerra se quemaría Cuba”. Parece que fue tal la temperatura que tomó nuestro entorno durante aquellos días que, transcurridos cincuenta años, aún no se ha enfriado. Y con razón. Los Estados Unidos renuevan sus equipos de gobierno cada 4 u 8 años. En Cuba continúan los mismos y los mismísimos desde hace más de medio siglo. Las autoridades cubanas proponen conversar con las norteamericanas, cuando no han sido capaces de reconocer y menos de dialogar con la oposición pacífica nacional. El gobierno de Raúl Castro cuenta ya con un cable submarino de fibra óptica proveniente de Venezuela, que multiplica la capacidad de conexión a internet. Cuba se mantiene entre los países de menor conectividad del planeta. Y así, la lista de abusos de autoridad desborda la razón.

Esperemos que los gobernantes del archipiélago tomen conciencia de todo lo que les falta avanzar en casa, para crear luego puentes confiables con el exterior. Es útil repetir que la ratificación e implementación de los Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas constituyen el punto de partida inobjetable de los necesarios cambios que urgen a la nación cubana. Ojalá que estas elecciones libres, democráticas y plurales efectuadas en los Estados Unidos les sirvan de provechosa lección.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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