Réquiem por Payá


Tomada de “prensalibre.com”

Era un domingo de verano también, pero del año 1969. Oswaldo y yo, sentados en la litera doble que compartíamos, comentábamos aquella mañana sobre un libro biográfico de Albert Einstein que le proponía leer. De pronto irrumpió en la barraca de la compañía un oficial de la CIM —contrainteligencia militar— que visitaba nuestro batallón de la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, UMAP, asiduamente. Luego del saludo tomó en sus manos el libro, lo hojeó y me dijo: —Esto es literatura enemiga, pues trata del que fabricó la bomba atómica que los yanquis lanzaron sobre Japón y con la cual chantajean al mundo. Nos quedamos boquiabiertos y, luego de recuperarnos de la sorpresa, nos pasamos un largo rato tratando de explicarle al oficial quién había sido el genial físico alemán. Algunos reclutas se fueron acercando alrededor de nosotros, escuchando el intercambio de opiniones. Cuando se marchó el oficial, Payá exclamó sonriendo: “al menos salvamos el libro”.

Esta es la imagen del joven, inteligente y jovial, que siempre recordaré de aquellos días en que compartimos los tres años de Servicio Militar Obligatorio en la Isla de La Juventud. Junto a nosotros estaban seminaristas, como el actual Canciller de nuestra Iglesia Católica, Monseñor José Ramón Suárez Polcari, el Padre Troadio, el Padre Norberto, entre otros de diferentes denominaciones religiosas. Alguno que había abandonado el seminario, como Ricardo Fernández, mezclados todos en una amalgama denominada por las fuerzas represivas del régimen cubano como desafectos al sistema. Son muchas las anécdotas en las que, de una manera o de otra, estuvimos involucrados.

Ahora, transcurrido ya más de cuarenta años de habernos conocido, de compartir en encuentros y desencuentros, de sentir y disentir en ocasiones, me solidarizo con las palabras del Párroco de la Iglesia San Salvador del Mundo, en el Cerro, cuando en su homilía por Oswaldo dijo que todos sus actos y humanos conflictos estuvieron signados por el amor. Amor a Dios, a su Iglesia, a Jesús, a su familia, a la Patria, y a la amistad. Gustábamos jocosamente, decir que nos encontraríamos algún día en el Nirvana. Espero, si El Señor lo permite, volvernos a encontrar. Descanse en paz.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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