A propósito de la moringa


Un caluroso mediodía de verano, allá por los ’90, confraternizaban varios amigos bajo la sombra de una vieja uva caleta en la playa de Guanabo. Uno de ellos contó que dentro de su casa se había perdido una pequeña jicotea y que luego de tres meses, sin comer ni tomar agua, apareció vivita y coleando. ¡Shhh…! gesticuló uno de los presentes y frotándose la barbilla hacia abajo dijo: “hablen bajito, no vaya a ser que al Comandante se le ocurra ponernos a todos un carapacho”.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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