Una vez más


Imagen tomada del sitio: "cubaupdate.blogspot.com"

Otro evento luctuoso focalizó nuevamente a las provincias del oriente cubano comenzando el año. Wilman Villar Mendoza, condenado a cuatro años de privación de libertad, murió luego de realizar una huelga de hambre, lo que ha conmovido a la disidencia cubana y a la opinión pública internacional que sigue los acontecimientos de la isla. La rapidez con la que se desarrollaron estos hechos sorprendió a todos. En octubre del pasado año, según José Daniel Ferrer, Wilman se había sumado a su organización opositora, la Unión Patriótica Cubana. En noviembre fue detenido y juzgado bajo cargos de Desacato, Atentado y Resistencia, comenzando a cumplir la sentencia el día 25 de ese mes. El 13 de enero es ingresado de urgencia en el hospital provincial Saturnino Lora; siete días después —el veinte, en la tarde—, fue inhumado en Contramaestre, provincia de Santiago de Cuba, localidad en la que residía junto a su esposa y dos pequeñas hijas.

Las autoridades autoritarias, tradicionalmente, han manejado los temas de los presos y las prisiones bajo un manto de estricto hermetismo informativo. Por esto, la duda razonable y la sospecha, envuelven todo lo concerniente a estos espacios de la sociedad cubana. Pero ya no son los primeros años de la dictadura, más bién parecen los últimos, y las informaciones fluyen desde todas las direcciones y la verdad se va abriendo paso. De cualquier forma que haya ocurrido, el resultado a lamentar es otra muerte evitable.

Cuando el pasado viernes veinte nos dirigíamos a la sede de Las Damas de Blanco, situada en la casa donde vivía Laura Pollán, para firmar un libro de condolencias que se abrió en memoria de Wilman, notamos el operativo montado por la policía política que se mostraba, ostensiblemente, en las esquinas de las calles aledañas. De la misma manera, en Santiago de Cuba, Guantánamo y zonas cercanas, eran interceptadas las personas que pretendían asistir a las honras fúnebres por esta misma fuerza policial. Indigna que hayan impedido las demostraciones de solidaridad con los familiares del fallecido. Y si los indignados estamos del lado ético correcto, el de la víctima, del otro solo pueden estar los indignantes que provocaron y provocan, estos acontecimientos detestables, una vez más.

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Acerca de Rafael León Rodríguez

Un espacio de opinión desde Cuba
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